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La historia detrás de «Una pata tras otra»

«Una pata tras otra» es el diario de un viaje de amor por las calles de la medina de Marrakech, donde Silvia cuida, alimenta y protege a los gatos callejeros olvidados. Aquí encontrarás historias reales, imágenes, novedades y una llamada a la acción concreta: ayudar a quienes no tienen voz, una pata tras otra.

Cómo empezó todo

Todo comenzó el 8 de mayo de 2025. Un billete de solo ida para mí misma. Cuatro días en Marrakech, sola, para celebrar un paso importante, un cambio interior que pedía silencio, calles desconocidas y libertad. Necesitaba perderme. Y así lo hice.

Me perdí en los colores intensos de la Medina, en el aroma de las especias, en las voces que se persiguen por los callejones, en un tiempo que parece no tener prisa. Pero fue entre los pliegues de ese caos vibrante que algo —o alguien— me encontró.

Los gatos.

Decenas de miradas que me observaban sin pedir nada, y sin embargo lo contaban todo. Me eligieron. Me siguieron. Llenaron mi corazón. En cuatro días recibí un amor silencioso y poderoso, incondicional y urgente. Y al volver, en mi maleta había una idea que ya no me dejaría: ayudarlos.

Así nació mi proyecto: "Una pata a la vez – Ayudemos a los gatos callejeros de la Medina de Marrakech." Porque, a veces, es precisamente cuando pensamos irnos para encontrarnos que descubrimos en cambio que somos llamados a algo más grande.

Me llamo Silvia. Y hoy soy la Gattara de la Medina de Marrakech.

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Por qué recaudo fondos para los gatos de la Medina

Regreso a Marruecos cada vez que puedo, para vivir junto a los gatos de la Medina y cuidarlos. Son cientos: hambrientos, enfermos, llenos de parásitos, abandonados a su suerte en las calles abrasadoras de Marrakech. Sobre todo en verano, el calor sofocante quema toda esperanza, y la mayoría de ellos... no lo logra.

He visto cajas llenas de gatitos recién nacidos. Crías de pocas semanas salir de cada rincón de la ciudad. Y sé que muchos de ellos ni siquiera llegarán al día siguiente.

Los habitantes de la Medina respetan a los gatos. Algunos intentan ayudarlos, dejándoles sobras de carne —a menudo especiada, o estropeada por el calor— que, sin embargo, pueden envenenarlos. Al igual que las cucarachas, que se convierten en la única fuente de alimento, pero que a su vez están cargadas de veneno.

He visto gatos echar espuma por la boca. Señal clara de envenenamiento. Mueren en pocos días. Y son recogidos como basura.

Mi corazón se rompe cada vez. Pero no puedo volver la vista.

Esto no es solo un problema de animales callejeros. También es un problema de imagen para Marrakech, una ciudad maravillosa que merece mostrarse al mundo con dignidad, también para quienes la habitan con cuatro patas.

Recaudo fondos para poder volver, con más frecuencia y mejor. Para ofrecer comida adecuada, antiparasitarios, atención veterinaria. Para forjar alianzas locales e iniciar pequeños proyectos educativos. Para salvar —de verdad— una vida a la vez.

Nuestra misión

Una Pata a la Vez es un proyecto independiente, nacido del corazón de Silvia, para alimentar, cuidar y proteger a los gatos callejeros de la Medina de Marrakech. A través de misiones sobre el terreno, colaboraciones con la población local y una red de donantes comprometidos, transformamos cada gesto de ayuda en un acto de amor concreto.

Creo que los gatos no son «solo» animales para salvar, sino vehículos de Amor, llaves silenciosas capaces de abrir las puertas del sentimiento más profundo: aquel que mantiene la vida unida.

Porque cada encuentro es una oportunidad. Cada cuidado, una elección de compasión. Cada donación, una chispa que enciende el cambio.

Juntos, podemos mejorar la vida de quienes no tienen voz. Una pata a la vez.